El cartel de “todo vendido” y la histeria colectiva
recibieron ayer en la Sala Riviera de Madrid a la cantante Lana Del Rey, que en
su primer concierto en España con su exitosa gira mundial ‘Paradise Tour’, se
contagió de los gritos de las más de dos mil personas que abarrotaron el
recinto, ya que a medida que fue desglosando las dieciséis canciones que
conformaron el show, se fue soltando
la melena; hecho sin duda, muy caro de ver por parte de la diosa lánguida de la
música actual.
El escenario emulaba el mundo que ha creado la neoyorquina y
que tanto calado ha tenido entre el público joven, que constituía prácticamente
el noventa por ciento del aforo: palmeras, estatuas de leones y sobre todo, se
pudo disfrutar también de las maravillosas proyecciones audiovisuales elaboradas
para la ocasión. No obstante, antes de que la cantante hiciera acto de
presencia tocó ver al grupo escocés Kassidy, cuyo solista es la pareja de Del
Rey y que al igual que sus compañeros comprendieron su papel de transición
hasta el multitudinario éxtasis. Aún así, los madrileños disfrutaron de el soft folk de la banda, que aunque no aporta nada nuevo al mundo de la música, suena realmente bien y convincente.
Una vez finalizaron los teloneros, la impaciencia no podía más con el
ya de por sí alocado público, que acogió el apagón de luces anunciador con
ensordecedores gritos, que también acompañaron la salida al respetable de los
músicos de la cantautora, compuesto por un cuarteto de cuerda, un
percusionista, un pianista, un guitarrista y un bajista. Tras las primeras
notas, Lana Del Rey emergía del fondo del escenario enfundada en un sencillo
vestido negro vintage y con dosis de
laca extrema. Con el glamour que la
caracteriza comenzó el concierto con su ya mítico: “My pussy tastes like
Pepsi-Cola”, polémica frase que sólo ella sabe susurrar con elegancia. Porque muchas veces no canta, sólo susurra, con ese timbre único e intransferible que tiene que despierta tanto el odio como el amor a primera vista, y que no recuerda a ninguna otra cantante.
Tras el eléctrico principio, Del Rey bajó por primera vez a
abrazar y besar a su público, hecho que se repetiría varias veces durante el show. Poco segundos después, y una vez
recobrada brevemente la tranquilidad, comenzaron a sonar los acordes de Body
electric, que sin duda constituye uno de los mejores temas de su corta carrera
y que en directo todavía deja apreciar más el tremendo aura noir de la cantante. Elvis, Jesús, Charles Whitman,... si a alguien le gustan los símbolos es a Del Rey, mitómana confesa, que les canta a todos ellos con su peculiar voz.
Una de las canciones más conocidas de sus hasta ahora dos discos de estudio, Born to die (2012) y Paradise (2012), Blue jeans, se
confirmó como uno de los himnos de la norteamericana, coreada hasta el extremo
por sus fans, acto que fue uno de los puntos negativos del evento, ya que por
momentos se les oía más a ellos que a la propia cantante. Y de nuevo el delirio;
si en la anterior no se escuchaba con claridad a la artista, en Born to die es que prácticamente ni se intuía su voz. No obstante, tras la canción la diva
se dirigió a su público para confirmarles que había sido “un placer” cantar la
canción juntos e incluso emuló a Marilyn Monroe subiéndose el vestido a mitad
del tema, algo muy raro, ya que en la mayoría de sus actuaciones la cantante
suele llevar su sobriedad al extremo. Por ello, si el público en general ya
suele entrar en éxtasis cada vez que hace un gesto, por lo pequeño que sea, en
Madrid estas reacciones eran constantes, y la estrella se sintió como en casa.
“La estrella se
sintió en Madrid
como en casa”
Con dos de sus cartas más importantes en la mesa, la joven
de 26 años comenzó un tramo del concierto en el que sí se pudo disfrutar al
cien por cien de su calidad vocal. La veda la abrió Carmen, en donde Del Rey cuenta la historia de una joven prostituta y en la que mostró la variedad de matices que su inconfundible timbre puede alcanzar. Celebrada canción que dota de una intimidad absoluta su obra artística, que aunque debería ser presentada en pequeños aforos, da igual el lugar al que acuda, ya que siempre llena.
El rock suave de
los 90 de Gods & monsters, inspirado tal vez en su adorado Kurt Cobain, y una versión no muy acertada de Blue velvet,
de Bobby Vinton, tema central de la película homónima de David Lynch y que ha inspirado también un anuncio de H&M que tiene como protagonista a la cantante, condujeron el concierto hasta una de las canciones más
populares de su segundo disco: American, en la que los más fanáticos se limitaron a escuchar y dejar escuchar también a los demás.
Poco duró la tranquilidad y el sosiego, ya que con Without
you, la cantante dedicó al público cada estrofa de la misma y se paseó para dar
la mano a los entusiastas de las primeras filas. Para redondear el tema, Del
Rey lo terminó con un pequeño homenaje a otro de sus referentes, Bob Dylan, y a su mítico 'Knockin’ on heaven’s
door.
La siguiente canción constató el gran éxito que está
teniendo la joven en nuestro país, ya que aunque se hubiera estrenado hace
menos de una semana, Young and beautiful, tema central de la banda sonora de la película El gran Gatsby, fue coreada por la mayoría del público, para perplejidad de
uno mismo. Esta canción, que es un clásico instantáneo, es un avance más en su carrera, en la que conserva en todo momento ese tono cinematográfico que hace de la imagen una compañera ineludible de su arte. Porque que no se entiende tan bien la música de Del Rey sin el componente visual es un hecho.
Al terminar la última estrofa, la cantante mandó un beso a
sus fans y se fue a descansar brevemente al camerino con sus músicos, a
excepción del cuarteto de cuerda, que realizó una introducción instrumental del
primer single de su último disco, Ride. Precioso momento de gran delicadeza y belleza que fue culminado
con la vuelta al ruedo de la estrella, que convirtió con sus vocales su éxito
en el mejor tema de la noche.
Del Rey ya no sabía cómo premiar más a su público, al que
observaba totalmente abrumada la mayor parte del tiempo y al que pidió un cigarro. Precisamente, este momento desató definitivamente a las masas, que
cumplieron los deseos de su diva y le arrojaron varios cigarrillos, aunque
finalmente fue el propio novio de la cantante el que surgió del backstage para entregárselo. Aunque la
estrella era consciente de la prohibición de fumar en el recinto y sabiéndose
mitificada, y por lo tanto excusada en cada uno de sus gestos, soltó un:
“Perdón, ya sé que no se puede fumar pero lo necesito”, en un entendible y
decente castellano que tras la reacción del público frente a estas palabras,
hasta el propio dueño de la sala le hubiera quitado importancia.
Varias caladas después, el Summertime Sadness de la
artista recogió la misma trascendencia vocal por sus fans que sus hits más reconocidos y Del Rey se
encontraba tan a gusto que optó directamente por quitarse sus zapatos de tacón y
dejar que toda esa energía recibida fluyera por sus venas para afrontar la parte
final del concierto lo más esplendorosa posible.
Antes de hacer Burning desire, la diva pidió a los allí presentes que cantaran el cumpleaños feliz a uno de sus músicos, y tras este tema llegó Video games, el éxito con la
que propios y extraños la conocieron hace dos años, cuando la joven era una
completa desconocida que actuaba en los peores garitos de Nueva York y se
decidió a grabar esta canción y a hacerle un sencillo vídeo para subir a
Youtube. A día de hoy, el tema lleva más de cien millones de visitas y auguró
una relevancia artística que cada día está más al alza y que aquí concluyó con
su National anthem, tras el cual la diva ya estaba tan desatada que ni
siquiera terminó de cantarla y bajó directamente al público para firmar
autógrafos y hacerse fotos con la gente de las primeras filas. Lo hizo hasta
tres cuartos de hora después de que terminara el show, y porque se la tuvieron que llevar…
Setlist
1. Cola
2. Body electric
3. Blue jeans
4. Born to die
5. Carmen
6. Gods & monsters
7. Blue velvet
8. American
8. Whithout you + 'Knockin' on heaven's door
9. Young & beautiful
10. Ride
11. Summertime sadness
12. Burning desire
13. Video games
14. National anthem
Desde luego, un triunfo de Lana Del Rey en España, que demostró que aunque las dudas sobre su capacidad vocal en directo y sobre su personaje se cuestionan constantemente, ella ha venido para quedarse, y sí es capaz de realizar una buena actuación que contente a todo el público.
Seguro que pronto está de vuelta en España, aunque esperemos que con una excitación más
contenida por parte de sus fans, que permita escuchar bien los grandes registros
vocales de la cantante del momento.



